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Espiritualidad Monástica

Búsqueda de Dios

Buscamos a Dios y seguimos a Cristo, según la Regla de San Benito, bajo la guía de una abadesa.

En el camino monástico el silencio se considera como uno de los valores más peculiares de la Orden: asegura la soledad en la comunidad, favorece el recuerdo de Dios y la comunión fraterna, abre la mente a las inspiraciones del Espíritu Santo, estimula la atención del corazón y la oración solitaria con Dios.

La vida contemplativa requiere cierto grado de separación física. Por eso se construye el monasterio de modo que garantice totalmente la quietud y soledad de sus moradores.

A su vez, nuestros monasterios tienen la tradición de recibir a los huéspedes y a los necesitados como a Cristo.

Liturgia

La Eucaristía, manantial y cumbre de toda vida cristiana, se celebra diariamente en la comunidad. De hecho, las hermanas se unen más íntimamente entre sí y con toda la Iglesia por la participación en el misterio pascual del Señor.

Nos reunimos siete veces al día para rezar con el canto de los salmos, comenzando antes que salga el sol, unidas a toda la Iglesia en su intercesión por la salvación de todos los hombres. El Opus Dei nos ayuda, a lo largo del día, a prolongar el recuerdo de Dios.

Lectio Divina

La lectio divina asidua alimenta el amor y la fe en Dios.

Este importante ejercicio de la vida monástica, en el que se escucha y rumia la Palabra, es fuente de oración y escuela de contemplación, a través del cual se dialoga con Dios de corazón a corazón.

Oración

El mayor servicio de la monja en la Iglesia es su propia vida de oración. Esta oración silenciosa, que el Espíritu Santo inspira en su corazón y que brota del contacto asiduo con la Palabra de Dios, orienta y da sentido a su vida y, a partir de ella, hace todo lo demás.

Trabajo

El trabajo, sobre todo el manual, goza de una estima particular en la tradición cisterciense. Somos verdaderas monjas cuando vivimos del trabajo de nuestras propias manos.

Nos ofrece la ocasión de participar en la obra divina de la creación, nos compromete en el seguimiento de Cristo, procura nuestra subsistencia y la de otras personas -especialmente los pobres- y es signo de solidaridad con todos los hombres.

Nuestras principales fuentes de ingresos provienen de la producción de cajeta de leche, mermeladas y pequeñas artesanías de rosarios en diferentes estilos.