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Tradición

En el siglo VI, San Benito de Nursia (Italia) escribe una Regla para monjes cenobitas que, por su sabiduría evangélica, será adoptada, en adelante, como base para la organización de comunidades monásticas conocidas como “benedictinas”.

 

En el año 1098, Roberto de Molesmes, Alberico y Esteban Harding fundan un nuevo monasterio en Císter, Francia, dando una forma peculiar a la tradición benedictina. Así nace la Orden Cisterciense, que encuentra en San Bernardo uno de sus máximos exponentes.


Hacia el año 1125, San Esteban instituye el primer monasterio de monjas llamado “Tart”.

El nombre “Trapense” proviene de la abadía francesa “La Trappe”, lugar y fuente de otra reforma en el siglo XVII.

En el año 1892, tres Congregaciones de este movimiento se unen y forman una Orden autónoma, la “Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia” (OCSO), mejor conocida con el nombre de “Trapense”.

Los monjes y monjas de la OCSO constituyen una Orden y participan de la tradición de un mismo patrimonio.

 

Todos los monasterios, y cada monje y monja, están consagrados a la Bienaventurada Virgen María, Madre y Figura de la Iglesia.