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Llamada Inicial

La comunidad recibe afectuosamente a aquellas jóvenes que sienten la llamada del Señor a seguirlo en la vida monástica. El deseo de buscar a Dios, la capacidad de vivir en comunidad y la madurez humana son elementos básicos para vivir esta vocación particular en la Iglesia.

Aquellas jóvenes que han escuchado la llamada del Señor y sienten atracción por este estilo de vida, son primero invitadas a permanecer en la hospedería del monasterio, conocer nuestro carisma y el ritmo de la oración, acompañadas en su discernimiento vocacional por la guía de la maestra de novicias.

Los progresivos contactos con el monasterio les hará familiar la comunidad de las hermanas y, si muestra signos positivos de vocación, la Superiora  le concederá a la joven hacer una primera experiencia de quince días y, posteriormente, una más larga de 2 meses, viviendo ya dentro  de la comunidad. Allí se integrará en el noviciado, compartiendo las diferentes actividades diarias: oración, trabajo en común, silencio, soledad, etc., acompañada por la maestra de novicias que la guiará con la mayor atención.

 La joven que, en el transcurso de esta experiencia monástica, se siente confirmada en el llamado del Señor y ve crecer en sí misma el deseo de unirse a la comunidad, pide el ingreso al Monasterio. Si también la comunidad reconoce en ella los signos de vocación: si de veras busca a Dios, si es solícita para la obra de Dios y la obediencia,  entonces será recibida en la comunidad en la fecha establecida y dará así inicio al postulantado.

Para obtener más información y un contacto personal, por favor escriba a la siguiente dirección de correo electrónico: junioradotrapnic@gmail.com


Etapas

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. 

Hebr. 11,1

Postulantado

La joven ingresa en el monasterio y comienza a vivir como un miembro más de la comunidad, bajo la guía de la maestra de novicias.

Este período, de integración progresiva en la vida comunitaria, dura alrededor de un año. Al final del postulantado, después de un discernimiento con la maestra y la superiora, la hermana que lo solicita es admitida al noviciado.


Noviciado

Después de haber finalizado el postulantado, recibe la vestición del hábito monástico y comienza a ser un miembro de la Orden, siempre bajo el cuidado de la maestra de novicias.

Esta segunda etapa de la formación inicial, tiene como objetivo la interiorización de los valores monásticos, a través del estudio y la meditación de la Palabra de Dios, la Regla de San Benito y la espiritualidad Cisterciense. La duración del noviciado será de un mínimo de dos años, prorrogable medio año más.

De una manera más inmediata, el noviciado prepara a la hermana a comprometerse con la profesión de los votos monásticos de estabilidad, conversión de vida y obediencia.

Profesión Temporal

Hacia el final del noviciado, la novicia hará su petición a la superiora y a la comunidad para ser admitida a la profesión temporal. Si es aceptada, la novicia hará entonces sus votos monásticos por un año -renovable dos veces, como mínimo y no más de otros seis años, como máximo- prometiendo estabilidad, conversión de vida y obediencia según la Regla de San Benito y las Constituciones de nuestra Orden. Recibe el escapulario negro y cinturón de cuero.

Durante este período, la hermana pasa al cuidado de la maestra del monasticado.  Allí, con los medios que la comunidad le ofrece, se preocupará de crecer en el conocimiento y fidelidad a los votos monásticos, en su vida de oración, en su formación humana y espiritual, y en su integración cada vez más plena en la vida comunitaria.

Profesión Solemne

Acabado el período de profesión temporal, la hermana, tras madura deliberación consigo misma, pide libremente a la superiora la profesión solemne. Será admitida con el consentimiento del Capítulo Conventual y acogida con alegría y amor en la comunidad como un miembro ya pleno.

La hermana se entrega a Cristo con espíritu de fe y se incorpora definitivamente a la Orden. Recibe la cogulla blanca que es signo de su consagración y de la unidad de toda la Orden, y el velo blanco es reemplazado por el velo negro.

La profesión solemne pone de manifiesto la dimensión de totalidad, en el compromiso que ya se asumió en la profesión temporal.